El
Librolibro es un libro que se compone de 62 ilustraciones y 58
textos repartidos en cuatro capítulos: Gastrolibro, Utilibro,
Zoolibro y Sexolibro a lo largo de los cuales Juan José Rosado
se plantea la relación que el lector mantiene con los libros,
con la afición de leer, y cómo estos los aplicamos en
nuestras vidas. Es por tanto un libro ilustrado en el que imagen y escritura
se alternan en un plano de igualdad que hace al lector preguntarse quién
ilustra a quién. No es un contenido expresado dos veces sino
un discurso desarrollado a la par mediante dos lenguajes distintos. |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
ROBERTO MATTA: EL SOL PARA EL QUE SABE CONGREGAR
por Leo Lobos
¿Usted
pinta sus sueños? Matta responde que no, cierra los ojos, aprieta sus
párpados con la yema de sus dedos y dice: «Yo veo destellos».
Nacido en Chile el 11 del 11 de 1911, se recibió
de arquitecto a los 22 años y partió a Europa donde trabajó
en el proyecto Ciudad Radiante con el pintor, arquitecto y teórico
franco-suizo Le Corbusier (1887-1965). A finales de 1934 visitó España,
donde conoce en casa de sus tíos diplomáticos al poeta chileno
Pablo Neruda (1904-1973) y a los poetas españoles Rafael Alberti (1902-1999),
y Federico García Lorca (1898-1936), de este último Matta dirá
«Lorca es un río desbordante de energía, nunca había
conocido a nadie como él, una rareza del sistema nervioso de la especie».
Federico García Lorca le presentará al pintor Salvador Dalí
(1904-1989), quien animó a Matta a mostrar algunos de sus dibujos al
poeta francés fundador del movimiento surrealista André Bretón
(1896-1966). La relación de Matta con Dalí y Bretón,
influenció su formación artística y lo conectó
posteriormente con el movimiento surrealista. En el verano de 1936 es invitado
a Lisboa por la poeta chilena Gabriela Mistral (1889-1967), quien le presenta
la obra del cubano José Martí (1853-1895) y el programa revolucionario
de José Vasconcelo (1882-1959) dedicado a las brigadas culturales en
México. Ese mismo año trabajó en Londres con el arquitecto
alemán Walter Gropius (1883-1969) y el artista húngaro László
Moholy-Nagy (1895-1946), ambos profesores de la Bauhaus, escuela que significó
nuevas líneas de pensamiento artístico, técnico y filosófico.
Además conoció al escultor británico Henry Moore (1898-1986)
y se relacionó con importantes artistas e intelectuales como el pintor
belga René Magrite (1898-1967) y el artista, poeta y crítico
de arte británico Roland Penrose (1900-1984). En 1937 Matta asistió
a la exposición de Guernica de Pablo Picasso (1881-1973) en el Museo
del Prado, la que le impresiona e influencia su quehacer. Muy pronto conoce
a los artistas Marcel Duchamp, Yves Tanguy, Joan Miró, Piet Mondrian,
Fernard Léger y Max Ernst.
El
verano de 1938 marca la evolución del trabajo de Matta del dibujo a
la pintura. Termina sus primeras pinturas en óleo, a los que primero
llamó “morfologías sicológicas” y que más
tarde denominó “inscape”. Luego de participar como miembro
del grupo en la Exposición Internacional del Surrealismo en 1938, abandona
París al comenzar la segunda guerra mundial, a instancias de Marcel
Duchamp (1887-1968), se instala en Nueva York. Matta, a estas alturas, comenzaría
el trabajo de construcción de su paisaje visionario del subconsciente.
En tanto tomaba nuevas fuerzas y aprendía de su mentor el pintor estadounidense
de origen francés Yves Tanguy (1900-1950), con pinturas y dibujos que
recuerdan a pintores del siglo XV y XVI, Bosch o Bruguel. Entre 1939 y 1945
Matta pinta algunos cuadros extraordinarios, cuando se opera un cambio radical
en el arte surrealista: la fusión del erotismo, el humor y la nueva
física. Matta introduce una visión no figurativa: sus cuadros
no son transcripciones de realidades vistas o soñadas, sino recreaciones
de estados anímicos y espirituales. Fue un atrevido viraje que hizo
cambiar el rumbo a la pintura surrealista y abrió vistas desconocidas
a los jóvenes artistas de los Estados Unidos, entre ellos: Jackson
Pollock, Arshile Gorky, Mark Rothko, Willem de Kooning, William Baziotes y
Robert Motherwell. Con estos artistas se relacionó en esos años
difundiendo su «automatismo rígido o automatismo absoluto»
que brindó el impulso decisivo al expresionismo abstracto a mediados
del siglo XX. En palabras de Matta: «lo que yo decía era que
no hay que partir de una hoja en blanco, porque ahí uno sólo
proyecta lo que conoce. Si uno parte de manchas y las lee por el método
alucinatorio, automático, podrá ver cosas que vienen del deseo
oculto». Ensuciar el lienzo para que se presente el proceso alucinatorio
y «presentir» el cuadro. En un artículo de Kathy Zimmerer
acerca de los maestros de la pintura latinoamericana, ella describe Crucifixión
(Croix Fiction, 73x91.7cm.) de 1938 como «envolventes formas biofórmicas
que se transforman en un flujo que cruza toda la tela. La luminosidad de su
paleta, el rojo carmesí, los amarillos, el azul y el negro definen
contornos de formas orgánicas, que producen una metamorfosis».
Crucifixión es representativa del período no figurativo
de Matta, donde el artista desarrolló su gama de colores con los que
logra crear espacios y formas enérgicas. Su exposición de 1942
La
tierra
es un hombre fue saludada por André Bretón como uno de
los grandes momentos de la visión surrealista del hombre y del mundo.
Bretón se pregunta «¿la tierra es un hombre qué
quiere decir?¿Qué hay ahí adentro?», años
más tarde Jean-Claude Carrière insiste con la pregunta: «¿No
sabes tú lo que quiere decir?» Matta responde: «No. Percibo,
recibo, manifiesto. Ocurro. Soy una ocurrencia. Eso es todo lo que hago. Manifiesto
espacios». Originalmente ese nombre lleva el homenaje a García
Lorca, asesinado en agosto de 1936, 162 escenarios titulados La terre
est un hombre. El poeta y diplomático mexicano Octavio Paz (1914-1998),
escribe un poema en prosa llamado ‘La casa de la Mirada’, un sentido
homenaje a la labor creativa de Matta, aquí un fragmento: «La
tierra es un hombre, dijiste, pero el hombre no es la tierra, el hombre no
es este mundo ni los otros mundos que hay en este mundo y en los otros el
hombre es el momento en que a tierra duda de ser tierra y el mundo de ser
mundo, el hombre es la boca que empaña el espejo de las semejanzas
y las analogías, el animal que sabe decir no y así inventa nuevas
semejanzas y dice sí, el equilibrista vendado que baila sobre la cuerda
floja de una sonrisa, el espejo universal que refleja otro mundo al repetir
a éste, el que transfigura lo que copia, el hombre no es el que es,
célula o dios, sino el que está siempre más allá».
En 1946 Marcel Duchamp escribirá: «Su primera contribución
a la pintura surrealista, y la más importante, fue el descubrimiento
de regiones del espacio, desconocidas hasta entonces en el campo del arte».
Refiriéndose a su trabajo esta vez el poeta Octavio Paz nos dice: «Ante
sus cuadros hay que hablar más bien de explosión interior. Sólo
que el mundo interior que revela Matta también es el exterior. Nupcias
de la pasión y la cosmogonía de la física moderna y del
erotismo».
Para Roberto Matta el rol del artista es la
provocación para que la estética no se ponga estática,
la función del artista en la sociedad es denunciar el escándalo,
una de sus divisas: «el sol para el que sabe congregar». Pronto
comenzará a alejarse de los pintores norteamericanos, aunque mantiene
su fe en la ciencia, y señala que el mundo está Californicado,
criticando el Vampire State, y a los United Snakes of América. Después
de la segunda guerra Matta regresa a Europa. En 1947, se aleja del mundo surrealista
y a través
de
una negación introduce en su pintura la figuración, después
de haber profetizado el expresionismo abstracto, descubre otro territorio
de la imaginación poblado de seres, que evocan tanto personajes de
la ciencia ficción como al mismo tiempo figuras de los códices
precolombinos de México. Una pintura narrativa, la pintura que cuenta,
pintura que es mito, leyenda, historieta, adivinanza. Mucho de su trabajo
consistió en tratar temas relacionados con los acontecimientos que
ocurrían en lugares como Vietnam, Santo Domingo y Alabama. Su trabajo
de los años 60 tuvo un acento político y espiritual. En entrevista
publicada en revista Proa (enero-febrero de 1999, Buenos Aires, Argentina),
Ana Martínez Quijano comenta: «Peggy Guggenheim cuenta en sus
memorias que el FBI pretendía que ella lo acusara de ser un espía».
Matta contesta: «Sí», y nos dice más: «Me
acusaban de cualquier cosa. Un día tome una maleta y nunca más
volví. Pero en Estados Unidos tenía muchas cosas, había
comprado objetos peruanos y mexicanos, tenía varios De Chirico auténticos
y dejé todo a Pierre Matisse mi marchand. Le dije cuando me instale
me los envías, pero nunca me mandó nada». Matta es un
creador-coleccionista, principalmente de su propia obra que crece día
a día, década a década. Una colección enriquecida
el año 1938 al adquirir una edición de la Caja Verde
de Marcel Duchamp, a quien visita regularmente en su estudio para efectuar
los pagos, otro ejemplo, el año 1943 adquiere además una obra
originalísima del destacado escultor y pintor suizo Alberto Giacometti
(1901-1966).
En los siguientes años se realizan variadas
exposiciones de la obra de Matta en diversas partes del mundo y el artista
participa en innumerables eventos artísticos. En 1985 recibe la medalla
de oro de las Bellas Artes en el Museo del Prado en España, en 1991
el Premio Nacional de Arte en Chile, en 1992 el Premio Príncipe de
Asturias
de
las Artes, en 1995 el Premio Imperial, por la obra de toda una vida en Japón,
en 1998 el Premio de honor en el Art Miami, USA. Se realizan retrospectivas
de su trabajo en el centro Pompidou en París, en Tokio, Bochum (Alemania),
Milán, Buenos Aires, Santiago y en el Museo Reina Sofía en España
el año 1999. Una trayectoria de éxito y honor, pero él
es ante todo una conciencia lúcida de la historia universal del arte
del siglo XX, sabe quedarse sólo y decir no. Lo iluminan los dos soles,
una vez más Octavio Paz da en el blanco, el de la plaza y el de la
celda, en palabras de Matta: «ese sentimiento del hombre abandonado,
casi desesperado, se parece a la condición del artista en sus primeros
años, cuando el artista va en busca de un lenguaje». No cesa
de pintar, esculpir, dibujar con computadores, iluminar, discutir, conmover,
vive en Londres, se instala en París, viaja a Chile, Argentina y Perú,
visita varias veces La Habana, vuelve a México, se instala en Tarquinia,
al norte de Roma donde muere a los 92 años. Aquel día 23 de
noviembre de 2002 me sorprende en CAMAC el Centro de Arte de Marnay-sur-Seine,
Francia, donde los ecos de su muerte no pasarán desapercibidos entre
el grupo internacional de artistas que realizan aquí ese año
una residencia creativa, la poeta brasileña Cristiane Grando, escribe
un poema en su homenaje titulado ‘No espelho do tempo’ (En el
espejo del tiempo): «el arte, las palabras, el aire, el amor / a que
más puede un hombre aspirar / alas translúcidas azuladas / sueños
que tejen un nuevo tiempo / un vuelo de seres luminosos / la esencia del amor:
/ lo que verdaderamente amas / permanecerá dulce y eterno en la memoria».