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—EL COLOQUIO DE LOS PERROS: Realmente, es apasionante interrogar a una persona que ha dedicado parte de su tiempo a investigar a Blanchot. ¿Cuál crees que es su libro más interesante? ¿Qué es lo que más te interesó de él? —ALBERTO RUIZ DE SAMANIEGO: Es difícil escoger un libro de Blanchot porque me da la impresión de que Blanchot estaba siempre escribiendo una obra infinita. Posiblemente sea El diálogo inconcluso —que está mal traducido al español, pues su traducción correcta debería ser El diálogo infinito—, porque es una obra de madurez, escrita en los años 60… Sin embargo, fíjate, luego tienes pequeños libros absolutamente aforísticos como La escritura del desastre, que son de una intensidad, de una acuidad tremendas. A mí me gusta mucho El espacio literario porque es un libro que ya en los años 50 estableció unas distancias radicales con la teoría literaria y estética de su tiempo. Iba unos pasos más allá de Sartre y de lo que se hacía por aquel entonces. —ECP: ¿En qué medida su actitud personal se refleja en su obra? Cuéntanos algo de su biografía, porque hay partes bastantes ocultas. —ECP: He leído algo sobre la implicación política de Blanchot en conexión con el nazismo... —ARDS: Bueno, esto no es así exactamente. Blanchot nació en el año 1907 y empezó a escribir muy joven, a los 20 años, en revistas —no nazis, porque ni siquiera había llegado el nazismo a Alemania— de la derecha católica nacionalista. Él jamás fue nazi. Lo que hay que hacer es contextualizar el espacio político de la Francia en la que él empieza a escribir, que estaba dividida en dos grandes bloques: por un lado, el comunismo y por otro lado, este nacionalismo tradicionalista del que Blanchot bebió de joven. Pero él, inmediatamente, se separó de esto y ya con la invasión nazi comienza a colaborar con la resistencia para acabar siendo un extraño comunista. —ECP: ¿Cómo fue tu experiencia como comisario de una retrospectiva sobre arte cubano? ¿Tu experiencia en Cuba? ¿Te interesa Lezama Lima? —ARDS:
Lezama Lima me interesa muchísimo. Creo que es el gran escritor
en castellano del siglo XX. De hecho, estoy convencido de que Lezama Lima
es el escritor más cercano que hay a Derridá, por ejemplo.
Si Lezama Lima hubiera nacido en Francia o Alemania, estoy convencido
de que estaríamos asistiendo a Congresos Internacionales sobre
su figura en medio mundo y que se hablaría de él al nivel
de Joyce, de Proust o de Beckett. Lezama Lima es un escritor grande, muy
grande, realmente enorme. Es un escritor que no sólo es un escritor
literario, sino que tiene un pensamiento filosófico de una potencia
realmente grande. Es un escritor que sabe recuperar referencias que no
sólo son las castellanas sino, por ejemplo, la estética
oriental, la órfica. En ese sentido, para mí Lezama es el
gran referente de la literatura y del pensamiento en castellano (...)
Siguiendo con este tema, me interesó mucho cuando el ayuntamiento
de Gijón me ofreció trabajar sobre la producción
artística joven de Cuba, porque yo era un lector de —ECP: Háblame un poco del arte de Antón Lamazares y de Manuel Vilariño, ya que también fuiste comisario de exposiciones sobre su obra. —ARDS: Efectivamente, de Antón Lamazares comisarié una exposición en Santiago en el museo de arte contemporáneo y te diría que me parece el gran pintor de aquella generación surgida en los años 80 en Galicia: Atlántica. Creo que es un pintor que enlaza con la tradición pictórica clásica, además de tener una mirada muy personal hacia lo que se estaba produciendo en aquellos momentos en Alemania. Es un pintor potente, con una gran fuerza mítica (...) Vilariño todavía me interesa más en el sentido de que es un pintor sin generación. Es un fotógrafo que bebe de las fuentes poéticas, de María Zambrano, de José Ángel Valente, bebe de autores que yo también he visitado mucho y, por ello, en cierto sentido, puedo decir que Manuel Vilariño es una especie de alter ego mío. —ECP: Relacionado con la conferencia que has venido a impartir hoy en Murcia sobre el caminar y los artistas viajeros como Rimbaud, ¿qué me puedes apuntar? ¿Qué se busca cuando uno viaja? ¿Cuál es la diferencia entre peregrinaje y viaje? —ARDS:
En cierto modo, toda peregrinación es una andadura hacia un proceso
de des-limitación. Cuando uno peregrina, uno sabe con claridad
que cabalga hacia un lugar donde el sentido último de las cosas
lo puede desbordar o nunca se va a producir de manera total. De manera
que yo diría que todo peregrino o bien se decepciona o bien quiere
repetir el proceso de peregrinaje y de ahí que no haya sólo
una peregrinación. Dicho de otra manera, el cumplimiento de la
peregrinación siempre está diferido por su propio exceso.
Hay un exceso de sentido en el peregrinaje que no se puede captar por
entero en la peregrinación que la hace enorme. Toda peregrinación
implica un acceso a un significado último que no se va a encontrar
y esto es lo grande de toda peregrinación y por lo que toda peregrinación
terminada ya genera una nueva peregrinación, unas nuevas ansias
de viajar, pues todo peregrino sabe de antemano que lo que pretendía
conseguir no lo logrará y aún así no se niega a viajar,
vuelve a hacerlo. Realmente, el —ECP: ¿En qué medida crees que el arte y la música siguen una investigación similar en estos tiempos? ¿O se han separado? —ARDS: Me da la sensación de que si hacemos un repaso de la historia de la música del siglo XX, veremos que no ha dejado de tener una voluntad experimental, no ha dejado de estar forzando continuamente su propio alfabeto, su propio sistema de recepción y producción de signos, mientras que el arte postmoderno ha realizado una especie de dejación de sus propios lenguajes a favor de elementos mucho más discursivos, sistemas narrativos mucho más cercanos a la población y, en este sentido, me parece que la música sigue manteniendo todavía una llama de lo moderno, mientras que las artes plásticas han abandonado ya esto. —ECP: ¿Cómo se puede forjar el espectador neófito una visión estética en estos tiempos artísticos revueltos? —ARDS: Bueno, esta es una pregunta difícil. Primero, porque el espectador neófito nunca es ya un espectador neófito. El espectador está absolutamente adulterado por toda una colonización de imágenes que recibe de manera imprudente, sin pausa, sosiego o retiro. De manera que el espectador, hoy en día, es un ser amnésico con la imagen y no tanto un neófito de la misma. Ha recibido tantos estímulos que se ha acabado petrificando, paralizado en torno a una iconografía brutal, hiperactiva. La única solución que le queda al espectador no es despertar sino, ¿cómo diríamos...? Delleuze hablaba de crear interrupciones en esa comunicación; es decir, planteaba la cuestión de crear formas donde ese cordón umbilical —el espectador y la imagología, el sistema en el que estamos inmersos— se interrumpiese. Esto es función del artista: establecer mecanismos a través de los cuales la imagen se autocritique, la imagen se autodescentre, pierda su capacidad de fascinación, etc… —ARDS: Sí, sin duda. El ángel del progreso que ya no puede volver hacia atrás, hacia el paraíso, porque la acumulación de escombros es inmensa, sigue representando perfectamente nuestro tiempo. —ECP: Tienes una labor reconocida como crítico. ¿Cuáles crees que son los atributos que los críticos deben tener? ¿En qué medida una crítica puede ayudar o confundir? Recuerdo, por ejemplo, un artículo tuyo sobre Zilla Leutenegger en el que exponías muy claramente por qué ella no debía entrar en un canon de autores reverenciado. —ARDS: Es una pregunta bastante interesante. A ver, te diría que la crítica, en primer lugar, tiene que ser incorruptible. El crítico tiene que opinar lo que piensa, aunque lamentablemente, en el 90 por cierto de los casos, no se produce este hecho, pues el crítico de hoy en día está sujeto a unas presiones brutales (...) Realmente, el requisito fundamental de un crítico es decir lo que piensa por encima de cualquier status quo, cualquier presión institucional e incluso de cualquier presión moral. En segundo lugar, que tenga un acervo cultural y un pensamiento fuerte e intenso. Y en tercer lugar, que escriba bien. —ECP: ¿Tu visión del arte contemporáneo en España actualmente? —ARDS: Lo veo confuso en el sentido de que existen varias generaciones muy distintas que no dialogan entre sí y que incluso no se reconocen entre sí. Sería necesario volver a establecer diálogos intergeneracionales e incluso discusiones con criterios de valor apoyados en juicios estéticos y no en opiniones de hooligans como, tristemente, sucede muchas veces actualmente. —ECP: ¿Cómo has enfocado tu trabajo de comisario de la representación española en la Bienal de Venecia? —ECP: ¿Tu canon de artistas de todos los tiempos? —ARDS: Yo no soy nada de nombres. De hecho, me parece que uno de los grandes errores del arte contemporáneo consiste en el fetichismo de los nombres. Hay que intentar escapar de ese fetichismo. La obra ha de validarse por encima del sujeto. Incluso, muchas veces, el propio sujeto está por debajo de la obra. En ese sentido, no reparo en nombres, sino en trabajos. Además, tampoco creo que exista un canon. La cultura actualmente es demasiado global como para que podamos concebir un solo canon. Pero, si he de contestar, te diría que me interesan mucho Giacometti, Piero de la Francesca, Duchamp o Gary Hill, pero, te repito, me interesan las obras no los nombres. |
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Amaël
(France) Beth Yarnelle Edwards
©2003 |
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Jérôme
(France) Beth Yarnelle Edwards ©2003 |
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Eva
and Juan (Spain) Beth Yarnelle Edwards ©2005 |
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Rayco
(Spain) Beth Yarnelle Edwards ©2005 |
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| Laurel
(California) Beth Yarnelle Edwards ©2001 |
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| Kim
(California) Beth Yarnelle Edwards ©2001 |
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—CAROLINA: Cuando terminamos la licenciatura, de entre todas las salidas que teníamos, barajamos la posibilidad de abrirnos camino en el mercado del arte, que es una de las rutas menos transitadas por la gente que termina nuestra carrera. Nos llamó la atención el tema de las galerías porque siempre las habíamos visitado y conocíamos un poco su funcionamiento. Además, lo que a nosotros nos importaba era el arte contemporáneo, y para trabajar con este tipo de arte no había nada mejor que montar una galería. Decidimos que era el momento y nos arrojamos hacia delante. —ECP: Pero, claro, todo esto lleva un trabajo amplio como pedir subvenciones, créditos, etc. —CAROLINA: Bueno, nosotros no pedimos ninguna subvención. Pedimos un préstamo al banco y no fueron uno, sino dos, el de Nacho y el mío. Realmente, no teníamos nada de dinero. Había unos préstamos que emitía el Banco de Santander que salieron cuando terminamos nuestra carrera y en que el aval era el expediente académico, pero no concedían mucho dinero. La máxima cantidad que concedían era 600.000 pesetas, pero pedimos 500.000, porque sentimos miedo. Así, Nacho pidió su préstamo y yo el mío y nos juntamos con 1.000.000 de pesetas para comenzar. —CAROLINA: Sí. Así es. Además, nosotros sabíamos de arte, pero no teníamos conocimiento alguno de cómo funcionaba una empresa y estábamos un poco asustados. Nos hicimos el siguiente cálculo: teniendo en cuenta que el alquiler del local era barato y que poseíamos un préstamo, aunque no vendiéramos un cuadro, podíamos aguantar unos cinco meses, pero, claro, no sabíamos que debíamos pagar impuestos cada tres meses, la licencia de apertura, toda la letra pequeña que acompaña a un negocio como éste y, así, el día que inauguramos nuestra primera exposición ya no teníamos ni un duro. Lo que sucede es que, afortunadamente, empezamos a vender y vender y, aunque tuvimos que pedir algún préstamo más por el camino, ya pudimos consolidarnos. —ECP: O sea, que toda vuestra aventura y vuestro reconocimiento actual nace de una inconsciencia total, casi de un planteo de locura. —CAROLINA: Sí. Podemos decir que fue así. Con un millón de pesetas montamos nuestra propia galería. Hoy lo vuelvo a pensar y me parece algo muy fuerte. Tuvimos la suerte de que pagábamos muy poco de alquiler, aunque muchas veces nos costaba llegar a pagarlo. Además, al principio no nos conocía nadie y, por tanto, no podíamos vender con la misma regularidad que ahora en que ya tenemos un nombre en el mercado. —NACHO: Claro. Al principio la gente no se fía de ti. Los coleccionistas son personas que llevan mucho tiempo en este negocio arriesgando su dinero y cuando eres nuevo es lógico que desconfíen de ti. Necesitan una cierta seguridad. Además, si comienzas a trabajar con artistas jóvenes como nosotros, la apuesta es todavía más difícil. Tienen que observar cómo te mueves y cómo trabajas para confiar en ti y, realmente, el primer año para quien se introduce en este negocio es horroroso. A la gente le cuesta arriesgarse o confiar en una galería que no conoce. En esto, las galerías siguen perfectamente la ley del mercado. —ECP: ¿Cuál es el lado más difícil de este trabajo y cuál es el más satisfactorio? —NACHO: El más difícil es el lado comercial, vendemos un producto que la gente no necesita. Y el mejor, el contacto con los artistas. —CAROLINA: Sí, sin duda. Estar al lado de los artistas te fortalece muchísimo, te aporta una gran cantidad de cosas, porque son gente muy interesante y con otras vivencias bastante alejadas del resto de la gente. Y, por supuesto, el lado comercial es el más duro. Me imagino que, como para cualquier empresa, el tema menos agradable es el de los números. —ECP: Hablarme un poco de los artistas que habéis expuesto. ¿En qué os basásteis para elegirlos? ¿Qué os interesó de ellos? —CAROLINA: Son casi todos artistas jóvenes. La línea que queríamos en nuestra galería era la de artistas en efervescencia que tuvieran una posible salida o trayectoria internacional. Casi todos ellos tienen, al menos, un currículum bastante importante con determinados premios o exposiciones tanto en España como en el extranjero que refrendaban su calidad y trascendencia. Y para elegirlos nos centramos básicamente en la calidad de la obra. Nos interesa que tengan un trabajo bueno y coherente (...) Así, entre otros artistas han pasado por aquí Sonia Navarro, Eduardo Balanza, Eugenio Merino, Joan Fontcuberta o, por ejemplo, la más veterana Sophie Call, en la que se inspiró Paul Auster para hacer su Leviatán y que nos hizo una exposición realmente preciosa. —ECP: ¿Y ha cambiado vuestra concepción del arte desde que os dedicáis a este trabajo? —CAROLINA: Antes lo veíamos con mucha más inocencia y candor que ahora. —NACHO: Se suele tener al artista mitificado. El artista es un angelito o un ser torturado enfrentado a los males de la sociedad, pero esto no es así. Con el tiempo descubres que hay artistas que son yuppies, artistas que son representantes de su obra, otros que son normales y corrientes como cualquiera, otros que están chalados. Desde luego, el trato con los artistas curte y terminas por aprender muchísimo. Y en cuanto al arte debo decir que ahí sí que no se me ha desmitificado nada. Me sigue gustando igual que antes o más todavía. —CAROLINA: La galería debe, fundamentalmente, promocionar y comercializar la obra del artista. Esto es lo que nos piden de nosotros. —NACHO: Sucede una cosa. Una galería no es una tienda. Una cosa es una tienda de cuadros y otra muy distinta una galería. Por ello, el fin de la galería es más la promoción del artista que la venta de sus cuadros, aunque, paradójicamente, sin esta venta la galería ni el artista se pueden sostener, porque ambos vivimos de esto. La galería va a encaminada a ser el altavoz del artista, su relaciones públicas, su representante a todos los niveles, y la galería debe responder a todas las exigencias y requisitos que el artista necesita para ver expuesta su obra. Además, la galería debe evolucionar, crecer. Por ejemplo, al salir de la facultad la mayoría de los artistas se volverían locos por ir a ARCO, sería un sueño cumplido, pero conforme van creciendo y se van haciendo importantes necesitan estar en Basilea, México o en Berlín y la galería tiene que crecer a ese ritmo. —CAROLINA: Somos su oficina de prensa, de marketing, su agencia de contacto, etc. Nosotros tenemos una frase que solemos mencionar al hablar de nuestro trabajo y con la que nos reímos mucho: un galerista es un psicólogo, un carpintero, un montador de exposiciones, un transportista, agente de viajes, montador de ferias, confesor, etc. —NACHO: Sí. Además, cuando un artista no vende o recibe las críticas que esperaba nos encontramos con la labor de levantarlo moralmente, de no permitir que se derrumbe, etc. Por otra parte, no sólo podemos basarnos en las ventas para valorar lógicamente la obra de un artista. Hay veces que pierdes porque inviertes, pero esto no debe desmoralizarte, porque la inversión es a largo plazo. Si vas siempre a por el dinero te conviertes en un vendedor, pero no en un galerista. —ECP: ¿Cuáles son los modelos de galería que más habéis admirado en España y el extranjero? —NACHO: Mira, dentro de lo que es Murcia, siempre tuvimos como referencia a la Galería Espacio Mínimo y creo que Yerba también marcó una época. En lo que se refiere a España admiramos en Madrid a Oliva Arauna. —ECP: ¿Hay mucha rivalidad entre las galerías? —CAROLINA: Como en todos los negocios siempre hay competencia, pero afortunadamente nosotros tenemos muchos amigos galeristas y si uno defiende una línea honesta puede hacer buenas amistades en este mundo. Además, a veces, se producen intercambios de artistas entre las galerías, lo que obliga a dialogar y a mantener una vertiente cordial si tu galería o la otra estáis interesados en contar con determinado artista. —ECP: Habladme un poco de las ferias en las que habéis presentado artistas. —CAROLINA: Pues así de memoria te podría decir muchas, pero, por ejemplo, tanto a la feria DFoto en San Sebastián o a Foro Sur en Cáceres queremos seguir acudiendo y en el extranjero, por ejemplo, hemos estado en la feria Maco de México, en Artísima en Turín, en Basilea, en Milán, etc. Nosotros somos una galería que estamos haciendo unas ocho ferias al año aproximadamente, lo que consideramos fundamental, pues nuestros artistas son muy jóvenes y necesitan de un gran trabajo de promoción. —ECP: ¿Qué artistas presentásteis en la última feria de ARCO? —CAROLINA: Fuimos con los artistas con los que solemos trabajar y ya te hemos mencionado y llevamos obras de pintura, escultura, fotografía y vídeo de todos ellos. La verdad es que siempre nos ha ido bastante bien en esta feria desde el principio y fue muy gratificante para nosotros que ya desde el primer año saliéramos en la portada del ABC Cultural. —ECP: ¿Cómo lleváis el hecho de tener que mostrar una imagen pública? —ECP: ¿Las próximas exposiciones que tenéis planeadas? —NACHO: La próxima será de Oscar Seco, que es un pintor madrileño de los 80 muy bueno. Es el pintor con el que se armó la polémica en el pasado ARCO porque en uno de sus cuadros había retratado un Cristo con un misil. Pero esto no deja de ser una anécdota, porque es un muy buen pintor (…) A su vez, también estamos preparando una exposición colectiva de arte contemporáneo español y para el año que viene tenemos ya todo en marcha para que exponga en nuestra galería Óscar Cueto, un pintor mexicano de muchísima calidad. De entre los jóvenes mexicanos, me atrevería a decir que es el mejor y ahora mismo se está introduciendo en Europa con mucha fuerza (…) También vamos a presentar el proyecto Democracia que es una reformulación nueva del colectivo artístico que se hacía llamar El perro, un colectivo potentísimo que agrupaba a los artistas españoles más internacionales junto a Santiago Sierra y que vienen a presentar su nuevo proyecto en nuestra galería. —ECP: ¿Y qué sucedió con la revista que solíais editar, Cave Canem? —CAROLINA: Llegamos hasta el número 13 y lleva tiempo sin editarse. No hemos dicho que no la vamos a volver a editar más pues, de hecho, no la hemos cerrado, pero era otra responsabilidad más entre tantas que teníamos y tuvimos que frenar su edición. De todas maneras, supongo que algún día la retomaremos y el nº 14 saldrá a la luz. Eduardo Balanza se ocupó de la edición de dos números, pero él también estaba ocupadísimo y no pudo seguir con ella. —ECP: Habéis cambiado de espacio, ¿por qué? —CAROLINA: Porque el otro espacio era muy pequeño y las obras que íbamos trayendo pedían otra configuración espacial para ser mostradas al público. De todas maneras, tampoco pienso que este sea el espacio definitivo. —CAROLINA: Exactamente. Lo que sucede es que todos los locales que hemos visto no nos sirven porque o son grandes o son pequeños o son caros y bueno, cuando veamos alguno que se adapte a nuestras exigencias pues lo compraremos. —ECP: Vuestras experiencias con el público. ¿Hay algunos acólitos de la vuestra? —CAROLINA: Realmente, la mayoría de las personas que vienen a nuestras exposiciones repite, es decir, viene a todas. Normalmente, la gente viene a las exposiciones y se hace la temporada anual. También hay, lógicamente, gente que viene muy casualmente, pero en realidad sí que podemos decir que tenemos un nutrido grupo de acólitos que están interesados en todo lo que se expone en T 20. —ECP: Anécdotas positivas y negativas. —NACHO:
Hay tantas. Pero mira, te podría decir que hay artistas que no
saben clavar un palo en la pared, artistas que no saben colgar su propia
exposición, artistas que sufren ataques de nervios antes de la
inauguración de su exposición. También te puedo hablar
de los egos. Aquí hemos trabajado con algún que otro artista
con un ego increíble y que nos lo ha hecho pasar un poco mal (…)
Sucede que la mayoría de los artistas asumen las cosas con naturalidad,
pero hay algunos, tal vez un 5 %, que conforme van viendo que su carrera
evoluciona y se observan, de repente, en el ABC, El Mundo
o El País piensan que han llegado a la cima de su carrera,
que son Dios y además creen que el galerista no ha hecho nada por
conseguirles ese espacio en el periódico, cuando somos nosotros
los que hemos gestionado que ellos puedan salir en estos lugares y ser
conocidos masivamente. Por tanto, desde ese momento, ellos nos empiezan
a ver casi como una carga y al querer prescindir de los canales que les
han ayudado a ser reconocidos, acaban estrellándose. Realmente,
este mundo tiene mucho de megalomanía y de egocentrismo raro que
metamorfosea a la gente, los hace volverse raros. Hay muchísima
vanidad en este mundillo porque una cosa es el arte y otra el mundo del
arte y el mundo del arte —no nos engañemos— es una
gran trastienda (…) Pero, por supuesto, tenemos muchas experiencias
positivas. Hay muchos artistas que consideramos nuestros amigos, nuestra
familia como, por ejemplo, Sonia Navarro y su pareja. Ellos son de Puerto
Lumbreras, pero viven en Madrid y gracias a ellos descubrimos Isla Plana
y acabamos comprándonos una casa junto a la suya para pasar los
veranos en su compañía. Entre otra mucha gente, también
tenemos amistad con Nico Munuera, un artista lorquino que vive en Valencia
y cuya obra hemos intentado llevar fuera de España y que es, sin
duda, uno de los grandes pintores surgidos en España en los últimos
10 años (…) Guardamos muy buena relación con Miguel
Fructuoso, —ECP: Pero, a pesar de todo, estáis contentos con vuestra experiencia y el trabajo, ¿no? —CAROLINA: Muchísimo. —NACHO: Sí. No cambiaríamos esto por nada. —ECP: ¿Cómo os veis en el futuro? —NACHO: Tenemos que crecer. Esto es una obligación porque llega un momento en que los artistas nos lo piden y esto hace que nuestros objetivos cambien. Por ejemplo, ahora mismo para nosotros ir a las ferias de arte es esencial, pero considero que debemos plantear otras estrategias para ver cómo vamos introduciéndonos a nosotros y nuestros artistas fuera de España no ocasionalmente, sino en base a un proyecto consolidado (…) Debemos buscar —independientemente de las ferias— un medio de introducirnos en el extranjero perennemente. El año pasado, por ejemplo, un periódico americano que hizo una selección de las mejores galerías emergentes en América y en Europa valoró que la mejor galería emergente americana era OMR, que es una galería mexicana y que la mejor galería europea emergente éramos nosotros. Por tanto, debemos aprovechar este tipo de reconocimientos para, al igual que en España tenemos ahora mismo una presencia fuerte, intentar llegar a un nivel igual de conocimiento de nuestro trabajo en el extranjero (…) ¿Cuál es el problema para conseguir esto? España. En España todo ha sucedido en términos artísticos en los últimos 30 años. Antes no había ni tradición ni coleccionismo ni un público informado y por ello debemos estudiar cómo hacer un desembarco y una proyección de trabajo en el extranjero teniendo en cuenta los medios de que disponemos. —ECP: Y vuestra sede, ¿seguiría estando en Murcia o podríais llegar a mudaros a otro lugar? —CAROLINA:
Nos podríamos ir, pero nunca cerraríamos Murcia. No cerraríamos
la galería de Murcia para abrir galería en Madrid o en el
extranjero. Nosotros somos de Murcia, nos gusta vivir en —ECP: Por cierto, ¿y hacia dónde creéis que se dirigen las nuevas tendencias en el arte? —NACHO: Se utiliza cada vez más el vídeo. Es un método narrativo que permite muchas posibilidades. Pienso también que la pintura se va a mantener en su sitio, pero que en lo que se refiere a la fotografía va a haber una criba muy importante porque ha habido mucho advenedizo en este medio artístico en los últimos años y se van a quedar los auténticamente valiosos. Y en cuanto al arte español, yo creo que va a ir cada vez más a mejor, porque los artistas son muy buenos. Lo que falla son los cauces, la gestión pública y el mercado. No los artistas. —ECP: Bueno, y terminando ya, habladme un poco de la exposición que actualmente estáis mostrando al público. —CAROLINA:
Es una exposición de Kaoru Katayama, que el año pasado recibió
el premio a la mejor obra expuesta en ARCO, lo que fue un orgullo para
nosotros. Ella trabaja con el tema de los contrastes en la cultura y mezcló
el típico baile charro de Salamanca —algo parecido a la jota—
con fondo de música techno, y lo curioso es que al fusionar la
imagen de los bailarines tradicionales con la música electrónica
la combinación era sumamente elegante y funcionaba perfectamente.
En ARCO, además, tuvimos la presencia de bailarines que hicieron
una interpretación mágica en directo de esta obra y el performer
también consiguió un premio. Katayama es ya un artista que
trabaja con nosotros y se siente identificada con nuestro proyecto. Y
además de Technocharro o Dancing in the space
podemos ver varias obras de ella como So far So close, en la
que podemos observar la mezcolanza y semejanzas que hay entre la ciudad
de São Paulo, donde vive la artista, y su Japón natal o
Cuando al viento del Este sopla al oído del caballo, que
es una traducción cercana a un refrán japonés que
hace referencia al motivo de esta obra: la indeferencia de una chica japonesa
a los intentos por conquistarla, seducirla o llamar su atención
de un bailarín charro. |
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Julia Otxoa
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Buenos
días, censura © Julia Otxoa |
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El
gran mago © Julia Otxoa |
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Homenaje
a Goya © Julia Otxoa |
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Lector
en África © Julia Otxoa |
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Pez
soñándose en ojo © Julia Otxoa |
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Piedad
férrea © Julia Otxoa |
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Juan Gómez Macías
Luna
verde de enero es una colección inspirada en textos poéticos
de Juan Ramón Jiménez, expresamente realizada para el Simposio
de la University of Maryland “Juan Ramón Jiménez and
Zenobia Camprubí: from Maryland to the Nobel Prize” (11-13
de octubre de 2006), que conmemora el cincuentenario de la concesión
al poeta del Premio Nobel de Literatura y su enseñanza en la universidad
junto a Zenobia entre 1943 y 1951.
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