PARÍS DE RAYUELA
Ángel Gómez Espada |
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...Ya
su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando
de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada
sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños
del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía
sin sorpresa.
(Julio Cortázar,
Rayuela, Capítulo 1) |
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Pero
Pola no le contestó, y él le puso el brazo sobre los hombros
y caminaron Boul Mich abajo y Boul Mich arriba, antes
de irse vagando lentamente hacia la rue Dauphine.
(Julio Cortázar,
Rayuela, Capítulo 64) |
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Íbamos
por las tardes a ver los peces del Quai de la Mégisserie, en marzo,
el mes leopardo, el agazapado pero ya con un sol amarillo donde el rojo
entraba un poco más cada día. Desde la acera que daba al
río, indiferentes a las bouquinistes que nada iban a darnos
sin dinero, esperábamos el momento en que veríamos las peceras…
(Julio Cortázar,
Rayuela, Capítulo 8) |
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—Para
qué —contestaba la Maga, mirando correr las péniches
desde el Pont-Neuf. —Toc, toc, tenés un pajarito en la cabeza.
(Julio Cortázar,
Rayuela, Capítulo 4) |
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(…)
despegándose de la piel esquimal que era maravillosamente tibia
y casi perfumada y tan esquimal que daba miedo, salir al rellano, bajar,
bajar solo, salir a la calle, salir solo, empezar a caminar, caminar solo,
hasta la esquina, la esquina sola, el café de Max, Max solo, el
farol de la rue de Bellechasse donde… donde solo.
(Julio Cortázar,
Rayuela, Capítulo 18) |
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(…)
viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas
la luz de ceniza y oliva que flota sobre el río me dejaba distinguir
las formas, (…)
(Julio Cortázar,
Rayuela, Capítulo 21) |
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Se
quedó firmemente convencida de que era un insulto confundir a un
linyera con un mendigo, y su simpatía por la clocharde del Pont
des Arts se arraigó en razones que ahora le parecían científicas.
(Julio Cortázar,
Rayuela, Capítulo 108) |
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Al
llegar al Chien qui Fume se tomaron dos vinos blancos, discutiendo
los sueños y la pintura como posibles recursos contra la OTAN y
otros incordios del momento.
(Julio Cortázar,
Rayuela, Capítulo 155) |