| Frontera Sur
/ Memoria viva
Cuadros: Pepe Bernal
Un día Octavio Paz escribió que «El artista cree en el arte y no, como el primitivo, en la realidad de sus visiones». Esta cita aúna, en un doble sentido, la perspectiva pictórica que el Museo de Almería proponía, durante los días 6 de septiembre a 28 de octubre de 2007, con motivo de los 50 años de la visita de Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) a tierras almerienses. La muestra, Campos de Níjar. Morada sin memoria, es la visión sobre el texto de cinco artistas plásticos, tan heterogéneos como singulares: Ginés Cervantes, Pepe Bernal, Javier Huecas, Abraham Lacalle y Paco de la Torre, que, unidos bajo la sabia mirada de Gádor Sánchez y Ramón Crespo, justifican un título y una actitud.
Campos
de Níjar (1957) es, inequívocamente con el paso del
tiempo, un texto más de esa tradición literaria de libros
de viaje que nuestra generación del 98 había recogido de
un no menos metafísico camino ensayado por los viajeros de la Ilustración
o del Romanticismo tardío. Pero su antecesor más ilustre
se sitúa en la postguerra española, en ese concepto de «libro
de andar y ver» que propusiera Camilo José Cela en su Viaje
a la Alcarria (1948) aunque, en el caso de Juan Goytisolo, se concrete
más en el retrato del hombre y del paisaje. Precisamente porque
el paisaje es coprotagonista en esta obra, se rinde homenaje a una Almería
de rostro propio que, con rotundidad, han sabido captar estos cinco artistas:
la belleza del paisaje queda fijado, de alguna manera, en la memoria porque,
más allá de la referencia literaria, existe esa otra independencia
formal que siguen cada uno de los pintores en su expresión más
libre e inequívoca. |
Recuerdo
muy bien la profunda impresión de violencia y pobreza que me produjo
Almería, viniendo por la N-340 (...) Guardo clara memoria de mi
primer descenso hacia Rioja y Benahadux: del verdor de los naranjos, la
cresta empanachada de las palmeras, el agua aprovechada hasta la avaricia.
Me había parecido entonces que allí la tierra se humanizada
un poco y, hasta mucho después, no advertí que me engañaba.
Juan Goytisolo,
Campos de Níjar |
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Alumbre
(díptico), 2007 |
Dicen
que el mundo cambia y pronto llegaremos a la luna, pero pa nosotros, tós
los días son iguales (...).
Aquí, la colonización tropieza con muchos obstáculos. La falta de árboles provoca una intensa erosión del suelo y explica que el nivel de precipitaciones de la región sea de los más bajos de España. Al suelo pedregoso y la sequía debe añadirse, aún, la acción sostenida del viento. Para defenderse de él, los campesinos tienen que cubrir sus pajares. La arenilla desprendida por la erosión origina continuas tolvaneras, responsables, en no pequeña parte, del elevado porcentaje de tracoma y enfermedades de los ojos que hizo tristemente célebre a la provincia. Juan Goytisolo,
Campos de Níjar |
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Poema
de cal (tríptico), 2007 |
Níjar
se incrusta en los estribos de la sierra y sus casas parecen retener la
luz del sol. Por la carretera pasan feriantes montados en sus borricos.
A la entrada del pueblo hay un surtidor de gasolina y, cuando llegamos,
una pareja de civiles camina hacia Carboneras con el mosquetón
terciado a la espalda.
—Hoy es día de mercao —dice uno de mis compañeros. Tó ese personá que ve usté, viene de los cortijos. —¿Qué venden? —Lo que tienen. Cerdos, gallinas, huevos... Con lo que le dan mercan pan y aceite pa el resto de la semana. Son gente que vive en sitios aislaos, a varios kilómetros uno del otro y sólo van al pueblo los sábados. Juan Goytisolo,
Campos de Níjar |
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Los
hilos de la sombra (tríptico), 2007 |
Llegando
al cruce de Rodalquilar —allí donde la víspera pasé
en camión con el Sanlúcar—, el paisaje se africaniza
un tanto: cantizales, ramblas ocres y, a intervalos, como una violenta
pincelada de color, la explosión amarilla de un campo de vinagreras
(...) La carretera de Gata parte de las cercanías de El Alquián
y corto a campo traviesa. Se presiente el mar hacia el sur, tras los arenales.
El suelo está lleno de trochas que se borran lo mismo que falsas
pistas. Sigo una, la abandono, retrocedo. Finalmente descubro un camino
de herradura y voy a parar a una rambla seca, sembrada de guijarros.
Juan Goytisolo,
Campos de Níjar |
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Tierra
y Negro (díptico), 2007 |
Al
final de la cuesta se llega a un cruce. A la izquierda, la carretera lleva
a Las Negras; a la derecha, a La Ermita y Rodalquilar. Tomo el camino
de la izquierda, tras un grupo de hombres endomingados, y el mar aparece
al poco, veteado de estrías blancas. Atravesamos una rambla frente
a una cáfila de cortijos desmoronados y en alberca. Los hombres
andan deprisa, como si temieran llegar con retraso y, a mi lado, uno se
sujeta el sombrero para que no le vuele. Cuando me doy cuenta, estoy ya
en el pueblo. Las Negras se asienta en el centro de la bahía y
su aspecto asolado y ruinoso me recuerda el de Escuyos o San José.
En la única calle trazada hay un bar y un estanco, los cerdos gruñen
en el interior de las cochineras y el mar alborota y da tumbos sobre la
playa.
Juan Goytisolo,
Campos de Níjar |