Pío Baroja y Donostia
Su camino de la ciencia

 

Adolfo Marchena

 

 

     Pío Baroja nace el 28 de diciembre de 1872 en el número seis de la calle Oquendo. Sería considerado como el mayor novelista de la Generación del 98, influyendo en escritores como Camilo José Cela, Juan Benet o Ernest Hemingway.

 

 

La calle donde nació Pío Baroja. Aunque con siete años se fuera a Madrid, durante su vida, que transcurrió también en Pamplona, no dejó de ir a San Sebastián. Medio siglo después de su muerte la modernidad ha dado paso al asfalto, pero novelas como El árbol de la ciencia, Zalacaín el aventurero o Aurora roja continúan siendo libros vivos.
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Diría Baroja: «Si se borra mi recuerdo y el busto persiste en su sitito, me contentaría, si esto fuera posible, con que la gente que lo contemplara en el porvenir supiera que el que sirvió de modelo a esta estatua era un hombre que tenía el entusiasmo por la verdad, el odio a la hipocresía y la mentira y que, aunque dijeran lo contrario en su tiempo, era un vasco que amaba entrañablemente a su país».

 

 

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De familia relacionada con el periodismo y los negocios de imprenta, Pío Baroja editó el periódico El Liberal  Guipuzcoano.

 

 

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La Playa de la Concha, hoy en día nido de turistas, vista por un Baroja que se caracterizaba por un carácter gruñón, arisco y al tiempo rebelde. Era tímido y retraído a la vez, identificado con las doctrinas liberales, además de misógino.

 

 

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En sus novelas reflejaría el pesimismo de Arthur Shopenhauer y también predicaría, de alguna forma, una especie de redención por la acción, en la línea de Nieztsche.

 

 

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Baroja paseaba y tenía pensamientos como este: «Nietzsche ha insistido mucho en la diferencia del tipo apolíneo (claro, luminoso, armónico) con el tipo dionisíaco. Yo, queriendo o sin querer, soy un dionisíaco».